Director ecuatoriano con excelente desempeño en Honduras

La Filarmónica de Honduras en concierto

Víctor Manuel Ramos

La orquesta Filarmónica de Honduras, que dirige Jorge Mejía, ha ofrecido al público de Tegucigalpa dos exitosos conciertos: uno en la catedral, el pasado viernes 30 de abril y el otro el día siguiente, en el Teatro Nacional. En esta ocasión ha tenido un invitado de honor a cargo de la batuta: el ecuatoriano Medardo Caisabanda , quien es un experimentado director nacido en Ambato, Ecuador y formado en el Conservatorio Nacional de Quito, en el Conservatorio Nacional de Lyon, en el Conservatorio Estatal Tchaicowsky de Kiev y en la Academia Rubin de Jerusalén. Ha dirigido múltiples orquestas en calidad de titular y como Director invitado en Tashkent, Lvov, Paris, Jerusalén, Nueva York, New Jersey, Río de Janeiro y en varias ciudades de Ecuador. Actualmente está a cargo de la Orquesta Sinfónica de Cuenca, Ecuador.
Ha interpretado un programa muy variado que va desde autores románticos –Beethoven y Offenbach- hasta los modernos compositores latinoamericanos – Néstor Cueva- pasando por el impresionismo –Manuel de Falla.
Caisabanda ha sabido ganarse al público pues hizo realmente un concierto didáctico: ocupó parte del tiempo en explicar acerca de las obras que interpretó, dado que  gran parte del público eran chicos adolescentes. Ha dirigido con mucho entusiasmo y, por lo que logré captar, se ganó la simpatía de los músicos de tal suerte que les pudo conducir, sin mayores exigencias, por los senderos que él quiso, con una verdadera atención a las exigencias de cada partitura para darle a cada obra el concepto original que le imprimieron sus creadores.
Sus gestos y sus movimientos son enérgicos e, indudablemente, transmiten la intensidad adecuada y dan relieve a la belleza de cada uno de los compases, insistiendo en el tono lírico y en el heroico  o épico, en donde es preciso. Así fue que se pudo disfrutar de la gracia, la melancolía y la euforia de Orfeo en los infiernos, de Offenbach;  del dramático impresionismo de El amor brujo, de Manuel de Falla; del aire de danza autóctona de la Fantasía ecuatoriana, de Néstor Cueva; y del arrollador sentido del júbilo  de la Fantasía coral, de Beethoven.


La interpretación de la Fantasía coral, de Beethoven, fue realmente un acierto pues, tanto el pianista, como la orquesta, los solistas y el coro, conducidos magistralmente por la batuta de Caisabanda,  supieron imponer la verdadera dimensión musical que a esta obra le imprimió su creador, Beethoven. Desde el arranque, el Adagio ejecutado por el piano, seguido por los diálogos con la orquesta y las variaciones del tema principal a cargo de varios instrumentos de la orquesta hasta que se introduce el  clímax del éxtasis con la interpretación vocal de los solistas y el coro, al unísono con el piano y la orquesta, para concluir con un brillante Presto coda; decía, que desde el inicio hasta el final, la obra alcanzó, con esta ejecución, la interpretación fiel del contenido de la majestad de la partitura.

La Fantasía ecuatoriana, de Néstor Cueva (1910-1981) fue una verdadera revelación. Cueva es un compositor ecuatoriano que se formó en el Conservatorio Nacional de Ecuador. En su país dirigió varias orquestas y dedicó gran parte de su vida a la enseñanza y a la creación musical, dando especial énfasis  a la recuperación de la música tradicional ecuatoriana trasladándola al arsenal de la composición sinfónica. Se trata de una obra en la que el autor recopila varias danzas tradicionales ecuatorianas, muchas de ellas originadas en el mestizaje entre la música precolombina y las tradiciones musicales introducidas por los conquistadores españoles, tal como la habanera que forma parte de la obra. Ya Sergio Busjle, quien estuvo, por algún tiempo, a cargo de la desaparecida Orquesta Sinfónica Nacional de Honduras, dirigió muchos programas con un importante énfasis en los autores latinoamericanos.
La orquesta está integrada por músicos jóvenes que aún prometen mucho. Lo mismo podemos decir del Coro Decroly’s Golden Voices, pues está constituido por chicos adolescentes de una escuela secundaria de San Pedro  Sula. Ellos actuaron con mucho entusiasmo y el trabajo de su director Oscar David Barahona es prometedor. Caisabanda, para agradecer y felicitar a estos chicos, les permitió un encoré, mediante la interpretación del conocidísimo Aleluya de Häendel, el que cantaron con emoción insospechada.


No puedo dejar de mencionar y felicitar a los solistas: Chitosé Shiraishi, Ivick Reconco, Diana Santos, Carlos Martínez, Oscar Calona y Carlos Ferrera, voces ampliamente conocidas por el público hondureño. Y qué decir de Dino Henríquez, el joven pianista que interpretó magistralmente la parte que le correspondía de la Fantasía coral: pues que estuvo espléndido.
Hubo escaso público, pero muy atento a los portentos del director, de la orquesta y de los solistas y del coro. A todos ellos les recompensó con un caluroso como duradero aplauso. Una verdadera ovación que obligó al Director Caisabanda a expresar su agradecimiento y su satisfacción de haber podido dirigir en esta cálida y acogedora Tegucigalpa.

Información adicional

  • E-mail: ramos.victormanuel@hotmail.com
  • Profesión: Poeta, narrador, antólogo, crítico de arte. Académico de la Academia Hondureña de la Lengua
  • Nombre: Víctor Manuel Ramos

Última modificación el Jueves, 05 de Mayo de 2011 16:19

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